Golpe de Opinión

Crisis de residuos en Latinoamérica: la disparidad en la gestión de basura entre Guatemala, Chile y Haití

Mientras Santiago de Chile alcanza un 97,7% de recolección de residuos, Guatemala y Haití enfrentan crisis graves con tasas de recolección del 42% y 37% respectivamente, afectando ecosistemas y la salud pública.

Una excavadora amarilla retira una gran acumulación de residuos plásticos en un río rodeado de vegetación.
Excavadora trabajando en la limpieza de residuos plásticos en un río, ante la crisis de gestión de basura en Guatemala. Foto: France 24 Español (América Latina)

La gestión de residuos sólidos en América Latina presenta contrastes profundos que van desde sistemas de recolección casi totales hasta vertederos clandestinos y contaminación masiva de fuentes hídricas. La situación varía drásticamente según la capacidad institucional y la legislación de cada país, afectando directamente la salud pública y la preservación de los ecosistemas marinos y fluviales.

En Guatemala, la falta de un sistema apropiado para el manejo de desechos ha derivado en un panorama crítico. Según el ministro de Ambiente de Guatemala, Edwin Castellanos, el tema de la basura ha sido olvidado y abandonado por décadas, y básicamente no ha habido un sistema apropiado para manejar toda esta basura, por lo que el Estado tiene pocas herramientas más que multar a la municipalidad por operar un vertedero sin licencia.

De acuerdo con un informe de su cartera publicado en julio de 2026, el país centroamericano solo logra recolectar el 42% de las 9.840 toneladas de basura que genera diariamente; el resto se presume que termina en ríos, lagos y barrancos. Esta deficiencia en la recolección tiene consecuencias directas en las cuencas hidrográficas. La hidroeléctrica Las Vacas informó que el 60% de la basura que producen los más de tres millones de guatemaltecos capitalinos termina a la postre en el caudaloso río Motagua, el cual desemboca en el golfo de Honduras y el mar Caribe.

Esta situación generó tensiones diplomáticas entre Guatemala y Honduras entre 2020 y 2022 debido a la contaminación de las playas de la bahía de Omoa, conflicto que se resolvió en 2023 mediante acuerdos de cooperación. Para mitigar este impacto, la ONG internacional The Ocean Cleanup ha intervenido en los ríos Las Vacas y Motagua con la instalación de interceptores de basura. La organización estimó en 2022 que Guatemala expulsaba al Atlántico 20.000 toneladas de plásticos anualmente, cifra que representa el 2% de los plásticos fluviales que flotan en los océanos del mundo.

Según informó Barbara Manon, gerente de negocios de la ONG en Guatemala, la entidad logró extraer cerca de 12.000 toneladas de basura durante el año 2025 mediante el uso de palas excavadoras y tractomulas. En contraste con la crisis centroamericana, Chile presenta un modelo de gestión con alta cobertura pero bajo presión por el volumen de producción. El país es señalado por diversas ONG como el que produce más basura por persona en Sudamérica, con un promedio de entre 1,13 y 1,25 kg de residuos diarios por habitante.

A pesar de esto, la Subsecretaría de Desarrollo Regional y Administrativo (SUBDERE) reportó que Santiago de Chile alcanza un 97,7% de cobertura en la recolección de residuos. No obstante, el sistema de disposición final en Chile enfrenta desafíos estructurales. El Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI) señaló en un informe de marzo pasado que la generación de residuos creció cerca de un 25% entre 2015 y 2021, superando los 9 millones de toneladas anuales.

Este aumento sobrecarga los rellenos sanitarios, que fueron diseñados para volúmenes menores, obligando al país a buscar alternativas para evitar que los desechos terminen simplemente compactados y enterrados.

Como respuesta a esta presión, Chile implementó en 2016 la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP). Esta normativa obliga a fabricantes e importadores de productos como neumáticos, aceites lubricantes, pilas y baterías a financiar y organizar la gestión de sus residuos al final de su vida útil.

A diferencia de Guatemala, donde miles de recicladores operan en más de 2.300 basureros clandestinos, la legislación chilena integra a los recicladores de base como gestores reconocidos, permitiendo que los municipios colaboren con ellos en la recuperación de materiales.

Por otro lado, Haití representa una de las realidades más frágiles de la región, con una tasa de recolección que apenas alcanza el 37%. En la capital, Puerto Príncipe, la zona metropolitana genera unas 2.450 toneladas de residuos sólidos cada día, de las cuales solo una fracción es recogida regularmente según Naciones Unidas. Los desechos recolectados terminan en el vertedero Truitier, el cual carece de contenciones ambientales y colinda directamente con el mar, impactando gravemente el ecosistema marino.

La crisis de basura en Haití también se manifiesta en Cabo Haitiano, donde los desechos se acumulan a lo largo de cerca de 5 kilómetros de costa. En algunas zonas, la ausencia de servicios de recolección obliga a los habitantes a quemar sus residuos, lo que genera gases contaminantes para la comunidad.

Esta acumulación de basura, sumada a sistemas de saneamiento deficientes y agua contaminada, crea un entorno propicio para la propagación de enfermedades infecciosas.

El país ya ha enfrentado graves epidemias de cólera, registrando entre octubre de 2010 y febrero de 2019 unos 820.000 casos y 9.792 muertes.

Según la Organización Mundial de la Salud, entre enero y julio de 2026, Haití notificó más de 700 casos confirmados y dos muertes por la enfermedad. A nivel regional, la ONU estima que cada latinoamericano genera, en promedio, al menos un kilo de basura al día. La región produce en conjunto unas 541.000 toneladas de residuos, lo que equivale a un 10% de la basura mundial.

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